Carlos Torres Piña ha encontrado en sus conversaciones con mujeres de distintas regiones una realidad difícil de resumir en una sola demanda. No vive lo mismo una joven que comienza su vida profesional que una comerciante, una campesina, una madre de familia o una adulta mayor.
Su propio discurso ante mujeres reconoció esa diversidad: madres, hijas, abuelas, jóvenes, profesionistas, comerciantes, campesinas, artesanas, maestras y jefas de familia forman parte de realidades que requieren respuestas diferentes.

De ahí puede construirse una agenda integral alrededor de cuatro ejes: cuidados, autonomía económica, seguridad y participación.
El planteamiento adquiere fuerza cuando esos temas se conectan. Tener empleo o emprender no garantiza autonomía si una mujer carga sola con los cuidados; participar públicamente resulta más difícil sin seguridad; y la libertad para decidir requiere también ingresos propios y oportunidades.
Torres Piña lo resumió desde otra idea: bienestar compartido. En su mensaje sostuvo
que, aunque las mujeres viven momentos y retos distintos, deben contar con libertad,
seguridad y derecho a construir su propia historia.
Y vinculó la autonomía con una idea todavía más concreta: poder estudiar, trabajar,
emprender, producir, tener ingresos propios y decidir sobre la propia vida.
La agenda, entonces, no empieza preguntando qué necesitan “las mujeres” como un
bloque. Empieza preguntando qué necesita cada mujer para poder decidir con libertad.


